Otoño en París

“Yo digo que París es una mujer, la mujer de mi vida”

(Rayuela, Julio Cortázar)

Desde bien pequeña siempre quise ir a París; era una de las ciudades mitificadas en mi corto imaginario. Esas imágenes de la Torre Eiffel dominando las alturas, la Catedral de Notre-Dame como escenario de cuentos infantiles… Años después, cuando por fin pisé la capital francesa, consumí el tiempo de forma acelerada, ávida de ver todo lo que había que ver: los museos más eminentes, los monumentos más fotografiados… Con más sed de la que el agua de las fuentes de la Concordia pudieran saciar. Vi todo, sí; no disfruté de la ciudad.

Ésta, mi segunda vez en París, me he dejado llevar por los pies de forma intuitiva y desordenada, permitiendo que guiaran mis pasos por las amplias avenidas, por sus angostas estaciones de metro, de Trocadero a Château Rouge, recontrándome con el Sena, la arteria que riega la ciudad… Me he sentado en un parque a leer, en un café a ver la vida parisina pasar como una mera espectadora… Y, una vez más, ¡me he vuelto a enamorar!

Río Sena

Río Sena

La Ciudad de la Luz, en otoño es tan hermosa…

Otoño en París

Otoño en París

Introducción: un poco de cine y literatura.

Para ir conectando con la ciudad, previo viaje recomiendo ver “París, Je t´aime“, una sucesión de cortometrajes ambientados en diferentes barrios de la ciudad (mi preferido, el de los Coen). Por supuesto, “Amèlie“, cuyos escenarios sirven de aperitivo para el maravilloso y bohemio Montmartre. Y, para acabar, ponerse un poco tierno y derramar una lagrimita con el musical “Moulin Rouge“.

Moulin-Rouge

También leer “Rayuela“, de Cortázar, o “La dama de las camelias“, de Alejandro Dumas (hijo), mientras escuchamos de fondo un nocturno de Chopin o la Sinfonía Fantástica de Berlioz. Ejercicios de inspiración para sentirse más cerca de los que vivieron y amaron las calles de la ciudad parisina.

 Desmontando mitos.

“París es caro”

Depende, si lo comparas con Madrid, el billete de 10 viajes en metro actualmente cuesta poco más de 12 euros; en París, 13,70. Por lo que resulta una diferencia de poco más de un euro. Comida: hay numerosos locales de comida rápida en los que degustar un típico crêpe por 5 euros, además de bocatas, o comida asiática para llevar. En muchas brasseries tienen menús por 11 – 12 euros, con dos platos, bebida y postre. Lo que sí me resultó caro es sentarse en uno de sus bonitos cafés a saborear un caffe noissette (cortado) o un té: el momento de tranquilidad (y de conectarse al wifi) sale por unos 4 euros, igual que una cerveza o un vino.

metro

El alojamiento, como todo sitio altamente turístico, es de mala relación calidad precio. Cogí un hostal por 42 euros la noche la habitación doble, cerca de la Place de la Republique, una zona muy animada, pero con lo justo, ducha y cama (Hotel du centre). En la anterior ocasión me alojé en un hotel similar en Dupleix, cerca de la Torre Eiffel, económico y básico pero con la desventaja de tener que reservar telefónicamente (Hotel Dupleix).

“París es la ciudad del amor”

Sí. Cierto. París es muy romántica. ¿Más que Roma o Venecia, Praga o Budapest? No sabría decirlo… Un mito construido en torno a la magia de subir a la torre Eiffel, dar un paseo en barco por el Sena, o poner un candado y tirar la llave al río, en el Puente del Arte. Mito que por supuesto el celuloide ha creado y difundido en torno a ella.

“Siempre nos quedará París…”

Lo que es innegable es que París tiene un halo seductor que sabe atraparte y envolverte. Y nosotros, vulnerables humanos, nos dejamos querer…

Te propongo subirte al carrusel: voy a contarte las diez cosas qué me enamoran de París. (Mapa de París)

carrusel

 

1 – L´Île de la Citè.

¿Qué tal empezar por el principio? La Isla de la Ciudad: el corazón de París. Allí se asentó una tribu celta llamada parisii, en el 250 a.C. y fue desde donde se extendió la ciudad. La mejor manera de acceder a ella es ir en metro hasta la parada del Ayuntamiento, el Hôtel de Ville, y tras admirar su elegante fachada, cruzar el puente sobre el Sena con las torres de Notre-Dame como objetivo.

Hôtel de Ville

Frente a nosotros tenemos Notre-Dame de París, la catedral gótica por antonomasia. Decenas de turistas se agolpan para contemplar su fachada y descifrar los misterios de sus esculturas.

Notre-Dame

Notre-Dame

Pero entremos… Dentro nos aguarda su impresionante interior, de bellas vidrieras. ¿Tienes imaginación? Podrás cerrar los ojos y verla semidestruida, tras la Revolución Francesa. O tal vez la prefieras engalanada, para la coronación de Napoleón.

Vidriera de Notre-Dame

Vidriera de Notre-Dame

Pero, para mí lo más especial es ascender a los tejados de la catedral, a través de la torre sur. Recomendación: mejor madrugar, ¡siempre hay cola! La entrada cuesta 8,50, y son 387 escalones, pero merece la pena: las espléndidas vistas de la ciudad, vigilada por sus gárgolas de piedra, son increíbles.

Gárgola de Nôtre Dame

Gárgola de Nôtre Dame

Si me gustó Notre-Dame, la que me dejó con la boca abierta fue la pequeña Sainte Chapelle, una pequeña joya escondida entre los muros del Palacio de Justicia: ésta era la capilla reservada a la familia real. Sus vidrieras góticas de 600 metros son las más hermosas que nunca he visto.

La Saint Chapelle

La Sainte-Chapelle

2 – El barrio latino de París.

Siguiendo el paseo, desde la isla de la ciudad cruzamos el Sena y nos encontramos en Les Quais o los paseos que bordean el río: una sucesión de puestos de dibujos, pinturas, láminas, souvenirs, fotografías antiguas y otras curiosidades de París a buen precio.

Les Quais

Les Quais

Aquí empieza el barrio latino, feudo de estudiantes e intelectuales, ¿quién no ha soñado alguna vez con estudiar en la Universidad de la Sorbona? Su plaza la preside Comte, padre de la Sociología francesa.

La Sorbona

La Sorbona

Si seguimos bajando, los Jardines de Luxemburgo son un buen lugar para desconectar y relajarse del trajín de la urbe. Desde el parque se visualiza la cúpula del Panteón de los hombres ilustres de la patria, al final de la rue Soufflot, y del otro lado, la inconfundible silueta de la Torre Eiffel.

Jardines de Luxemburgo

Jardines de Luxemburgo

El Panteón es un imponente monumento neoclásico. Hoy alberga los féretros de 65 personalidades de la historia de Francia, entre ellos Voltaire, Rousseau, Víctor Hugo, Èmile Zola o Marie Curie.

Panteón

Panteón

3 – Saint-Germain-des-Près.

A la izquierda del Barrio Latino, localizamos el elegante distrito de Saint-Germain-des-Près, otro de mis lugares favoritos para pasear: casas de bonitas fachadas, coquetos cafés, e iglesias antiguas como Sainte Sulpice o la propia Sainte Germain.

Iglesia Católica de Sainte-Sulpice

Iglesia Católica de Sainte-Sulpice

Sainte-Germain se puso de moda entre filósofos, escritores, músicos y cineastas de la Nouvel Vague como Truffaut, tras la Segunda Guerra Mundial. Aún hoy el Café de Flore o Les Deux Magots (el preferido de Picasso, Hemingway, Albert Camus o Bertold Brecht) son frecuentados por artistas.

café de los dos magos

4 – El Montmartre.

Pero, sin duda, el barrio bohemio que domina la ciudad es mi preferido: el Montmartre, las calles por las que se paseaba Amèlie, esa heroína contemporánea que me conquistó el corazón en mi juventud más temprana.

¿Por dónde empezar a explorar el Montmartre? Un buen lugar es el Sagrado Corazón, subir poco a poco esas escaleras que nos acercan a la preciosa basílica, desde la que se aprecia la inmensidad de París.

Sacre Coeur

Sacre Coeur

A la derecha comienzan las callecitas que nos llevan hasta la Place du Tertre, más conocida como la Plaza de los Pintores, donde poder adquirir una postal de París de edición única o un retrato pintado al momento.

Plaza de los pintores

En el Montmartre podría pasarme horas y horas perdida paseando por sus calles, entrando a sus curiosas tiendas, descansando en alguno de sus bonitos cafés…

Montmartre

Montmartre

… Hasta encontrar el popular Moulin de la Galette, lugar frecuentado por la burguería en el XIX, inmortalizado en el cuadro de Renoir que se exhibe en el Museo de Òrsay.

El moulin de la galette

Le Moulin de la Galette

“Baile en el Moulin de la Galette”, Renoir. 1877. ¿A que dan ganas de volver atrás en el tiempo por un ratito?

Terminamos el paseo con otro molino famoso, el Moulin Rouge. Mucho más bonito verlo de noche que de día, con las luces de neón que al atardecer comienzan a iluminar y dar su toque particular al Montmartre.

Moulin Rouge

Moulin Rouge

5 – Château Rouge.

A la izquierda del Sagrado Corazón, encontré una pequeña porción de África en Château Rouge. Sorprendente y excitante el dar una vuelta entre los puestos de frutas, verduras y especias en las calles, las carnicerías marroquíes, las tiendas de pelucas y peluquerías étnicas, donde decoran tu pelo de trencitas a un precio más que asequible, escuchando melodías árabes y ritmos africanos de fondo.

Chateau Rouge

Chateau Rouge

 6 – Campos de Marte y los Inválidos.

Volviendo a las orillas por las que discurre el Sena, descubrí el París más monumental. Ése que sale en todas las postales… Pero que no por ello deja de gustarme.

La Torre Eiffel es el símbolo de la capital francesa. Mi paseo preferido: desde Trocadero cruzar el Sena y pasar por debajo del entramado de estructura metálica, donde se agolpan los turistas para acceder a ella, y sentarse al otro lado, en los verdes campos de Marte. Subir a lo más alto de la torre no es excesivamente caro (15 euros hasta el piso superior – tarifas Torre Eiffel), pero sí hay que aguantar bastante cola.

Torre Eiffel

Torre Eiffel

Una advertencia: cuidado con compartir en las redes sociales fotografías nocturnas de tan emblemático monumento. Pueden multar porque el alumbrado está protegido por derechos de autor (artículo).

Desde los Campos de Marte hay un agradable paseo hasta el Palacio Nacional de los Inválidos, un imponente edificio del S.XVII. En él se alberga el Museo de la Armada y la Iglesia de Saint Louis, donde reposa Napoleón bajo su cúpula dorada.

Invalides

Invalides

 7 – Campos Elíseos y Arco del Triunfo.

Los Campos Elíseos son la Gran Vía de París, una gigantesca avenida de amplias aceras donde cada elegante tienda es una aventura: una exhibición de coches de fórmula 1 en la casa Peugeout, un escaparate con una performance en Chanel,… Comienza en la Plaza de la Concordia y desemboca en el Arco del Triunfo, imponente monumento a la nación construido por Napoleón para conmemorar la victoria en la batalla de Austerlitz.

Arco del triunfo

Arco del triunfo

 8 – Museos de París.

La Ciudad de la Luz es un centro cultural mundial. Los que amamos el Arte podemos tener un serio problema, ya que París cuenta con más de 150 museos. Los tres más visitados son el Louvre, el Museo de Orsay, y el Centro de Arte Contemporáneo Madame Pompidou.

Museo del Louvre

Museo del Louvre

Si tengo que elegir, mi preferido es la Galería de los Impresionistas, el Museo de Orsay, ubicado en una antigua estación de tren. Adoro a Monet y Renoir, así como el pintor de bailarinas Degas, obsesionados con atrapar la luz entre pinceladas difusas. Y, entre los simbolistas, me fascina la obra del enigmático Odilon Redon…

"El sueño de Cabilán". Fuente: http://www.musee-orsay.fr/es

“El sueño de Cabilán”. Fuente: http://www.musee-orsay.fr/es

El Museo del Louvre por dimensiones es inabordable, ¡sólo para valientes! Se necesita todo un día para acabar con los pies extenuados y las retinas deslumbradas con obras imprescindibles del arte como la Victoria de Samotracia, los esclavos de Miguel Ángel, los toros alados de Babilonia o, donde se agolpan el mayor número de visitantes: ante la enigmática sonrisa de la Mona Lisa.

9 – Cementerios de París

Quizá suene un poco lúgubre, pero me encantan los cementerios de París. Son una pequeña ciudad, dibujada en un bosque de árboles, flores y hojas secas. Un laberinto de lápidas y criptas de piedra gris entre las que graznan los cuervos, ausentes al murmullo apenas audible de la gran urbe que les rodea.

Père Lachaise

Père Lachaise

En la entrada se ubica un mapa, que indica el lugar del último reposo de personajes famosos variopintos, desde músicos a filósofos, políticos y pensadores, escritores o cineastas, personajes malditos; franceses orgullosos o extranjeros en el exilio, que un día andaban como nosotros por las calles de París.

Père Lachaise, el más extenso y el más famoso, es el último hogar de, entre otros: Frédéric Chopin, Bizet, Balzac,  María Callas, Jacques Luis David, Eugene Delacroix, Auguste Comte, Molière, Edith Piaf, Óscar Wilde, Marcel Proust, Jim Morrison, cantante de The Doors, el cineasta Georges Méliès, o los amantes Abelardo y Eloísa, uno de los mausoleos más visitados.

Tumba de Chopin

Tumba de Chopin

En el Cementerio del Montmartre, mucho más modesto y solitario, podemos encontrar las sepulturas de Alexandre Dumas (hijo), uno de mis cineastas preferidos, Truffaut, o la del científico León Foucault.

Cementerio de Montmartre

Cementerio de Montmartre

Por último en el sur, en el Cementerio de Montparnasse, los admiradores de Julio Cortázar pasan junto a Jean Paul Sartre o Simone de Beavoir, para dejar sobre la lápida del popular escritor argentino billetes de metro y trozos de papel con poemas.

10 – La Gastronomía: las crêperies y sus crêpes.

Esos deliciosos crêpes franceses, hechos al instante, dulces y salados. De nutella, plátano, mermelada, fresas,… De jamón y queso, de atún, de huevo,… Para llevar puestos o comer en el momento.

Después de investigar por la red y preguntar a amigos que viven en París cuáles son las mejores crêperies, personalmente recomiendo: Au P´tit Grec, en el barrio latino, tras el Panteón (Rue Mouffetard); la Creperie Broceliande, con especialidades bretonas, en el Montmartre; y La Crepitante, pequeñita y escondida en la animada zona de pubs y restaurantes de Goncourt.

Au P¨tit Grec

Au P¨tit Grec

Au P´tit Grec: crêpes de berenjena con queso parmesano y ensalada, boloñesa, griego…

al rico crepe

¡Delicioso!

un crepe

 Paris Je t´aime…

trocadero

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Un fin de semana en Bruselas

¿Por qué ir a la capital belga?

Bruxelles en francés; Brussel en neerlandés. Bruselas es una ciudad encantadora con olor a gofre y a dulce chocolate. En ella se mezclan el cosmopolitismo de la principal sede administrativa de la Unión Europea con un casco histórico de reminiscencias medievales. No hay que perderse su espectacular Grand Place, considerada como una de las hermosas del mundo.

Grand Place de Bruselas

Grand Place de Bruselas

Este es el relato de una breve escapada a Bruselas, suficiente para disfrutar de las principales atracciones de la capital belga.

Vuelo: ¿merece la pena coger una low cost?

Aunque desde Madrid o Málaga hay vuelos “casi regalados” con Ryanair, antes de decidirse aconsejo comparar precios con otras compañías como Iberia o Brussels Airlines. La low cost vuela al aeropuerto de Charleroi, a 60 kms de la ciudad, desde el que hay que coger un autobús a la Gare du Midi. Tarda alrededor de una hora y cuesta 15 euros aproximadamente. Las compañías tradicionales en cambio tienen la ventaja de volar a Zavetem, mucho más cercano y con línea directa de tren al centro de Bruselas.

Alojamiento

En Bruselas hay un gran número de hostels y alojamientos de todas las categorías. En mi caso reservé una oferta en booking.com en el Hotel Exe Sablon: un  cuatro estrellas por 60 euros la noche la habitación doble, en pleno centro histórico. Muy recomendable.

Qué ver en Bruselas…

La Grand Place: el corazón de la ciudad.

Víctor Hugo dijo sobre ella que era “la más bella del mundo”. Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, está rodeada de edificios históricos y emblemáticos.

Entre todos destaca el Ayuntamiento: su puntiaguda torre gótica de 96 metros se divisa desde gran parte de la ciudad, siendo un punto de referencia para llegar hasta ella. La corona el arcángel San Miguel, patrón de la ciudad. El Hôtel de Ville es el único edificio medieval que sobrevive en la plaza, construido entre 1402 y 1455.

Grand Place

Grand Place

En la Grand Place también veremos el Palacio de los Duques de Brabante, con su dorada fachada; las curiosas “casas de los gremios”: los lecheros, los toneleros, los pintores, los ebanistas, los arqueros… La Casa del Rey (hoy Museo de la ciudad); la Casa el Cisne (en la que se fundó el partido comunista belga en 1885); el Árbol del Oro (del gremio de cerveceros: hoy Museo de la cerveza);  o la Casa 21-22, sede de los famosos chocolates Godiva.

Casa del Rey

Casa del Rey

Merece la pena hacer una parada y degustar una típica cerveza fresca en la cervecería que hay en la Maison du Roi d’Espagne, un vestigio del pasado flamenco español: la preside un Carlos II de piedra.

El Manneken Pis

Callejeando por detrás del Ayuntamiento se llega a la fuente del popular Manneken Pis, “el niño que mea” en dialecto bruselense . Esta pequeña escultura de bronce es uno de los símbolos de la ciudad, ya que representa el espíritu independiente de sus moradores. Una de sus muchas leyendas cuenta que conmemora la historia de un niño llamado Juliaanske, que salvó la ciudad orinando sobre las mechas de explosivos que rodeaban las murallas de Bruselas durante un asedio.

Manneken Pis

Manneken Pis

Atención a sus divertidos disfraces: en ocasiones especiales, según el día o la festividad, lo visten con múltiples atuendos. Algunos de ellos realmente curiosos.

 

Catedral de San Michel

Con impresionantes vidrieras, que filtran y proyectan sobre el suelo la luz de mil colores, la catedral gótica del S.XIII me encantó, como todas las grandes catedrales europeas de la época. Se recupera el sosiego paseando por su interior, entre solemnes tumbas y esculturas de piedra, hasta llegar al púlpito barroco tallado en madera. También se puede visitar el tesoro.

Hasta el sagrado templo se puede llegar desde la Grand Place, cruzando por las elegantes Galerías Reales de Saint Hubert, las primeras galerías comerciales de Europa.

Palacio Real

Continuamos nuestro paseo y junto al parque de Bruselas encontramos el Palacio Real. Actualmente los reyes no viven en él, residen a las afueras de la ciudad, pero éste sigue siendo la sede de la monarquía constitucional belga. No se trata de un palacio muy antiguo: data principios del XIX. No pudimos visitar su interior, ya que sólo está abierto al público en verano (desde el 21 de julio, la fiesta nacional, hasta principios de septiembre).

Barrio Europeo

Nos alejamos un poco del centro para dirigirnos al Barrio Europeo, donde se encuentran los edificios institucionales de la Unión Europea, entre ellos el emblemático Berlaymont, sede de la Comisión Europea desde 1967.

Parlamento de Europa

Monumento al euro

Y, para terminar con lo imprescindible de Bruselas, no podía quedarme sin ver el Atomium. Dicen que significa para Bruselas lo mismo que la torre Eiffel para París, ya que fue creado con motivo de la Exposición Universal de 1958. Obra de André Waterkeyn, representa un átomo de hierro ampliado 165.000 millones de veces y tiene 102 metros de altura. Se encuentra a las afueras, por lo que para llegar hay que coger la línea 6 de metro y bajarse en Heysel.

El Atomium

El Atomium

Una vez visto lo más importante, es momento para descansar y aproximarse a la gastronomía local…

Dónde comer: sabor belga en una antigua cava.

Leí acerca de la comida belga que está muy influenciada por la francesa, tratándose de comidas fuertes y copiosas… Bien, pues C´est vrai!

Apuntad el Kelderke: en la misma Grand Place, número 15. Recomendado por un amigo español que lleva más de diez años viviendo en la capital belga. Bajando por unas escaleritas encontramos una cava en semisótano, lleno de belgas y no extranjeros, un detalle que me gustó mucho.

Este es un buen lugar para degustar los platos típicos belgas: me decidí por unos mejillones al vino y una carbonnades flammandes à la bière: un enorme filete de ternera macerado en cerveza negra, muy contundente. Otras especialidades son las croquetas de quisquillas del mar del Norte, el Hutsepot (estofado flamenco), o las anguilas (anguilles au vert).

En cuanto a los más golosos están de enhorabuena: Bruselas es el paraíso del cacao en todas sus formas y texturas, y los gofres más exquisitos. Los escaparates de las boutiques del chocolate brillan cual joyerías exhibiendo su oro negro manando de inmensas fuentes como en un cuento infantil. Bruselas es la casa de uno de los mejores chocolates del mundo: los Godiva.

Deliciosos gofres

Deliciosos gofres

La cerveza belga.

Mención especial merece la cerveza de Bélgica: las hay de mil tipos y colores, negra o roja, afrutadas o de abadía… Y a buen precio. Si te gusta la cerveza, ¡querrás probarlas todas! Ay, ay, qué indecisión… ¿Una Kriek de cereza? ¿Una Floris de mango? ¿Una tradicional Paulaner?

Rica cerveza belga

Rica cerveza belga

Y, para terminar la noche, no podíamos marcharnos de Bruselas sin visitar el pub que ostenta el título del Record Guiness del mundo en variedad de cervezas: el Delirium Café, de ambiente animado e internacional. Su situación, muy céntrica: justo enfrente de la Yanneken piss. A divertirse ;)

Para la próxima queda pendiente un viaje por el cercano y maravilloso Flandes: Brujas, Amberes, Gante… ¿Te vienes?

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#BlogPostamigo: Objetivo Destino, la Grand Place de Bruselas.

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Nueve cascadas de ensueño

El fluir del agua es el sonido de la vida. Pocas cosas son más relajantes que sentarse en la orilla de un río entre los árboles a escucharla correr… Ese agua, cuando se desliza vertiginosamente en forma de catarata se convierte en un paisaje de belleza indescriptible.

Hermosas cascadas…

Escondidas entre la selva tropical, ocultas por la espesura, congeladas en el norte, derramándose en el océano… Esta es una recopilación de nueve cascadas de ensueño que he tenido la suerte de cruzarme en el camino mientras hago lo que más me gusta del mundo: VIAJAR.

Cataratas de Iguazú

Cataratas de Iguazú

Mi selección:

1. Cataratas del Rin – Suiza.

Cerca de la ciudad de Schaffhausen, al norte de Suiza, el alto Rin ruge con violencia. Un impresionado Goethe escribió en su cuaderno: “estas son las fuentes del océano”. Con ciento cincuenta metros de anchura y veintitrés de altura, son las más caudalosas de Europa Central, transportando en verano una media de 700 m³/s.

Cataratas del Rin

Cataratas del Rin

2. Catarata de Klimml – Austria.

Una imponente caída de agua de trescientos ochenta metros en vertical, dividida en tres saltos, ubicada en el corazón de los Alpes Austríacos (Parque Nacional de Hohe Tauern). Se trata de la cascada más alta de Europa y la quinta del mundo. Su caudal proviene del deshielo de los glaciales alpinos, para acabar fundiéndose más tarde en las aguas del río Danubio.

Cascada de Krimml

Cascada de Krimml

3. Cascada de Triberg – Alemania.

En plena Selva Negra, ese bosque ancestral en el que no penetra el sol, el río Gutach es una arteria azulada y fría. Junto a Triberg, uno de sus encantadores pueblos famoso por sus artesanales relojes de cuco, se esconde la cascada más alta de Alemania, enmarcada en un bosque de abetos y hayas, ciervos y ardillas.

Cascada de Triberg

Cascada de Triberg

4. Kilt Rock – Escocia.

La cascada que cae en picado al mar en la isla de Skye, en las Tierras Altas de Escocia. Escenario: un acantilado de origen volcánico de cien metros de altitud, tapizado de verde y con eterno olor a lluvia.

Salto de Kilt Rock

Salto de Kilt Rock

5. Gullfoss – Islandia.

Su nombre significa “Catarata Dorada”. En ella las aguas del río Hvítá se precipitan por una falla en dos niveles, de once y veintidós metros. La cercanía con Reyjkavik y su extraordinaria belleza hacen que sea una de las atracciones turísticas más populares de Islandia.

Gullfoss, Islandia

Gullfoss, Islandia

6. Pamukkale – Turquía.

Los minerales de la cuenca del río Menderes  esculpen este capricho de la naturaleza, conocido como “el castillo de algodón”. En él las aguas bajan por la ladera de la blanca montaña, en forma de cascadas y piscinas de travertino. Bañarse en ellas es una sensación maravillosa y única.

Pamukkale, Turquía

Pamukkale, Turquía

7. Cascada de Gitgit – Bali.

Quizás no sea ni muy elevada ni muy caudalosa, pero este salto de agua de veinte metros, situado en el norte de la isla de Bali, Indonesia, es el lugar elegido por muchas parejas para fotografiarse en el día de su boda por la belleza del entorno, un paraje tropical selvático.

Cascada de Gitgit, Bali

Cascada de Gitgit, Bali

8. Catarata del río Celeste – Costa Rica.

Cuenta la leyenda que Dios lavó su pincel tras pintar el cielo en las aguas del río Celeste. El bosque nuboso del volcán Tenorio lo guarda celosamente, oculto entre la espesura. Un sinuoso sendero llega hasta su cascada, hermosa y solitaria.

Cascada del Río Celeste

Cascada del Río Celeste

9. Cataratas de Iguazú – Brasil y Argentina.

Bienvenido a una de las “siete maravillas naturales del mundo”. El total de doscientos setenta y cinco saltos, el vapor del agua que asciende como una cortina empañando la vista, y los arcoiris  que las adornan no son un espejismo. Las impresionantes cataratas del río Paraná hacen frontera entre Brasil y Argentina. Es difícil no contener el aliento al detenerse sobre la vertiginosa garganta del Diablo: una vista de que no dejará indiferente al viajero.

Cataratas de Iguazú

Cataratas de Iguazú

 

Seguiremos viajando y coleccionando recuerdos de las maravillosas cataratas que riegan el mundo: las imprescindibles Victoria, las cinematográficas cataratas del Niágara, el Salto del Ángel,…

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La Palma, la isla bonita.

La isla de La Palma es la más verde y abrupta de las Canarias. Se conoce por “la isla bonita”. Y no es para menos: su paisaje agreste, sumergido bajo una superficie boscosa, se ve bruscamente recortado por cumbres y peñas afiladas, que en apenas 30 kilómetros ascienden casi a los 2.500 metros. El sur es feudo de volcanes jóvenes que aún dormitan. Su costa, delineada por acantilados que se desploman sobre el Atlántico, ocultando encantadoras calitas de arena volcánica… Todo esto recuerdo de La Palma, que me cautivó por su extraordinaria belleza, más escarpada que la de sus hermanas.

El norte de La Palma

El norte de La Palma

¿Más razones para ir a La Palma?

Su naturaleza: toda la isla es Reserva de la Biosfera desde 2002. Hacer senderismo por sus frondosos bosques de tilos y laurisilva. Ascender al Roque de los Muchachos, la cumbre de la isla, con vistas al mar de nubes y la Caldera de Taburiente.

La caldera de Taburiente

La caldera de Taburiente

Sus playas: escasas pero hermosas, algunas de ellas vírgenes, de negra arena volcánica y aguas limpísimas.

Las estrellas: por la noche disfrutar del cielo estrellado en uno de los firmamentos más claros y puros de las zonas habitadas del hemisferio norte, gracias a su latitud y “la ley del cielo”, que la protege de la contaminación lumínica.

Sus leyendas: historias de tribus guanches que se rebelaron al invasor, lideradas por el valiente Tanausú, el último rey. Fantasmas melancólicos que rondan las casonas y las colinas, dragos centenarios que antes fueron hombres,…  Son lecturas muy recomendables, para dejarse impregnar del aire mágico que rodea la isla (Leyendas de La Palma).

 

¿Cuánto se necesita para conocerla?

La Palma es una isla pequeña e ideal para una escapada. Pero que las distancias no os engañen: dada su geografía accidentada se puede tardar bastante en llegar de un punto a otro. Yo disfruté de ella durante un puente relajado de 5 días… Pero la verdad, me quedé con ganas de más ;)

¿Qué echo en la maleta?

Pues, ¡de todo un poco! El archipiélago canario tienen el mejor clima del mundo (no lo digo yo, lo dice la UNESCO): la “eterna primavera”, es decir temperaturas templadas que oscilan todo el año entre los 18 y 22 grados. Pero hay que tener en cuenta que la Isla Bonita es de las más occidentales y “frías”. Yo fui en noviembre y a pie de playa disfruté de 20 – 25 grados y hasta me bañé tanto en la piscina como en la playa (qué gozada). Por la noche es suficiente un pantalón largo y chaqueta fina. Eso sí, apenas empezamos a ascender monte arriba el aire se enfría y en lo alto del Roque tuvimos nada más que 4 grados (el plumas de la foto da fe). ¡Así que bañador y abrigo a la mochila!

Bañándome en la piscina del hotel

Bañándome en la piscina del hotel

 

Ya estamos listos para partir… ¿Comenzamos? ¡Claro que sí!

Mapa de La Palma:

Hoja de ruta:

Día 1: Madrid – Tenerife – Santa Cruz – Fuencaliente.

Día 2: Santa Cruz de La Palma.

Día 3: Roque de los muchachos y bosque de tilos.

Día 4: Fuencaliente: los volcanes del sur.

Día 5: vuelta a la península.

 

Día 1: llegada a la La Palma. 

Desde Madrid volamos al aeropuerto de Tenerife Norte, donde seguidamente cogimos el pequeño avión de hélices de Binter Canarias, la compañía regional ínter islas, que nos llevó a La Palma, dejando atrás la silueta del gigante Teide, en tan sólo media hora. En el mismo aeropuerto alquilamos un coche para desplazarnos por la isla a nuestro antojo. Mi elección: Cicar, compañía local con precios muy competitivos.

Coche en mano y ¡en marcha! Como llegamos de noche nos dirigimos directamente al hotel, un 4* de lujo que habíamos reservado por 70 euros la noche con desayuno, en la parte sur de la isla, en Los Canarios (Hotel Teneguía Princess). El objetivo: combinar el turismo con el relax. Lo que más me gustó fue su spa acristalado sobre el mar: ver el atardecer mientras estás sumergido en un burbujeante jacuzzi es algo que hay que hacer al menos una vez en la vida.

Hotel Teneguía Princess. Fuente: www.buscarenlapalma.com

Hotel Teneguía Princess. Fuente: http://www.buscarenlapalma.com

Esa primera noche, cenando en la terraza de la habitación, escuchando las olas, sonaba a esa mágica melodía llamada vacaciones…

Día 2: la capital de La Palma.

¿Por dónde empezar a conocer La Palma? ¿Por qué no por su capital?

Santa Cruz de la Palma es menuda y encantadora, a la que llegamos bordeando la costa entre el verdor de sus bosques y el azul mar del horizonte. Pero qué bella es la isla; no me cansaba de decirlo…

Santa Cruz de la Palma

Santa Cruz de la Palma

Santa Cruz de la Palma

Con dieciséis mil habitantes, Santa Cruz está impregnada de aires marineros provenientes del este y aroma de pino canario del oeste. La vida de sus tranquilos habitantes trascurre por plazas bordeadas de palmeras,  y la animada Calle Real. Sus casas coloniales, pintadas con alegres colores y adornadas con balconadas de madera, recuerdan a la época de los conquistadores, cuando los marineros provenientes de Europa hacían allí una última parada antes de izar velas y cruzar el Atlántico buscando las Américas.

Ayuntamiento y Plaza de España. Santa Cruz de La Palma. Fuente: http://es.wikipedia.org/

Ayuntamiento y Plaza de España. Santa Cruz de La Palma. Fuente: http://es.wikipedia.org/

En una mañana dando un paseo se puede acceder a los puntos emblemáticos de la ciudad: sus primeros edificios como su Ayuntamiento de estilo renacentista. La Iglesia de San Salvador, de la misma época (1585). El Palacio Salazar, que perteneció a Don Ventura Salazar, caballero de la orden de Calatrava. Y su baluarte militar: el Castillo de Santa Catalina, que protegían con sus murallas defensivas a la ciudad, después de que fuera destruida en 1553 por el malvado pirata “Pata de Palo”.

De paseo por Santa Cruz de La Palma…

Santa Cruz

Santa Cruz

Por la tarde, en lugar de rodear la isla “cortamos” por medio y nos desplazamos 30 kilómetros de este a oeste, para disfrutar de una de las playas que nos habían recomendado: la del Puerto de Tazacorte. Una playa de arena negra rodeada de montañas, palmerales y casitas de colores, resguardada y tranquila.

Otras playas de la isla bonita: playas La Palma.

Día 3: Las cumbres de la isla.

La Palma es la segunda isla más alta de las Canarias, por lo que una de las visitas imperdibles es ascender a las alturas, desde Garafia, por encima del mar de nubes. La recompensa: increíbles vistas sobre la Caldera de Taburiente y, si el día está claro, en el sur se puede ver a lo lejos el cono volcánico del Teide.

El norte: Roque de los muchachos. 

Roque de los Muchachos

Roque de los Muchachos

Varias figuras rocosas coronan el techo de la isla, lo que se conoce como el Roque de los muchachos. Bajo él se encuentra la bella Caldera de Taburiente, una depresión de origen volcánico, hoy parque natural y zona protegida. En las laderas del Roque se han instalado varios observatorios astronómicos, constituyendo un parque de telescopios de los más completos del mundo. Se pueden visitar previa reserva: observatorios de Canarias.

Observatorio de la Palma

Observatorio de la Palma

Esa tarde continuamos explorando el norte de la isla y nos acercamos al mágico bosque de tilos, un paraje digno de una película de hadas o duendes, dado su espesura y verdor. El silencio impera en esta frondosa arboleda, tan sólo interrumpida por el rumor del agua de alguna fuente cercana o el trino de las aves.

Bosque de tilos

Bosque de tilos

La Caldera de Taburiente es otro lugar muy popular para hacer senderismo por su hermoso interior, con regalos de la madre naturaleza como la catarata de Hoyo Verde o la cascada de Colores. Reconozco que al menos un día nos faltó… Aquí os dejo un enlace del cabildo sobre los senderos del Parque Nacional: Parque Nacional de la Caldera y rutas de senderismo, con itinerarios y distancias.

La vuelta al hotel la hicimos por la cara oeste de la isla, una ruta hermosa bordeando los acantilados sobre el mar y con varios miradores, desde donde se divisan las montañas que bordean el Valle de Aridane.

Día 4: El sur: Fuencaliente.

Los volcanes: el Teneguía y volcán de San Antonio.

El pico sur de la isla es un auténtico paisaje lunar, dominado por los volcanes más jóvenes de las Canarias: el de Martín (1646), San Antonio (1677), El Charco (1712), San Juan (1949) y Teneguía, (1971). La erupción del Teneguía hace apenas 40 años no ocasionó víctimas: el farero se echó al mar en una barca salvando así su vida de las lenguas de lava.

Particularmente me fascinó el volcán de San Antonio, en cuyo cráter crece un bosque de pinos. En su base se encuentra un Centro de Interpretación de los volcanes, realmente interesante y didáctico. Se puede pasear alrededor de su cono, pero, ¡cuidado con el viento!

Por lo demás, Fuencaliente es un perfecto mirador de las islas occidentales. En un día claro desde su faro divisé perfectamente los contornos de Tenerife, la Gomera y el Hierro en el horizonte.

Fuencaliente. Fuente: www.sobrecanarias.com

Fuencaliente. Fuente: http://www.sobrecanarias.com

Para terminar nuestro día, tocó tarde de playa en las calitas de arena negra del sur, rodeadas de plataneras. Y, más tarde, relax en el maravilloso jacuzzi en el hotel.

Cala la Zamora

Cala la Zamora, Fuencaliente

Unas vacaciones inolvidables en un lugar encantador. ¡A todos recomiendo viajar y descubrir los secretos de la Isla Bonita!

De ruta gastronómica.

Como colofón, no podía faltar un apunte sobre qué comer y qué beber en La Palma:

Me declaro fan de la gastronomía canaria: me encantan las papas arrugás bañadas en delicioso mojo, verde o picón, el rico gofio, sus potajes de verduras (el rancho, la ropa vieja o el de millo) y su gran variedad de pescados y mariscos (los más típicos las viejas, los gueldes o los burgardos). En La Palma además tienen queso propio (como el Llanomar), y riquísimos postres a base de plátano.

Mención especial merecen los vinos de la Palma. Como en Lanzarote, se cultiva la uva en las laderas volcánicas obteniendo vinos propios únicos y ¡muy ricos! En concreto probé el Vega Norte, un blanco albillo que ya ha ganado varios concursos y obtenido distinciones que lo colocan entre los mejores vinos españoles ¡ahí es nada!

Por último, mis lugares recomendados para degustar las delicias canarias:

  • El tradicional Casa Goyo, muy cercano al aeropuerto, donde degustar una cerveza dorada y rico pescadito frito y fresco.
  • El Chipi-Chipi, en Santa Cruz, de calidad y precio económico.
  • La Taberna del Puerto: en Tazacote. Pescado fresco a buen precio en la misma playa.
  • El Jardín de la Sal: enfrente de las salinas de Fuencaliente.
Papas con mojo picón

Papas con mojo picón

¡Que aproveche! ;)

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Turquía, un puente entre Europa y Asia

Introducción.

Turquía es un destino que sólo su nombre ya evoca romanticismo y emoción. Siendo relativamente cercano, combina arte y cultura con naturaleza, playa y gastronomía. Punto de fusión entre Oriente y Occidente, es un crisol de civilizaciones, modernas y antiguas. Estambul fue Bizancio y Constantinopla; las piedras de sus avenidas han visto pasar a sultanes e hititas, a romanos y helenos, los primeros cristianos… Los turcos, además de amables y acogedores, son guardianes de una cultura milenaria con mucho por ofrecer:

Por ejemplo…

Para empezar, pasear e impregnarse del aire cosmopolita de la animada y bella Istanbul, con sus impresionantes Santa Sofía y la Mezquita Azul, recortando el cielo con sus altos y afilados minaretes.  

Santa Sofía

Santa Sofía

Degustar un refrescante ayran y un kebab “de los de verdad”, o perderse por el laberíntico Gran Bazar o el exótico Mercado de las especias.

Mercado de las especias

Mercado de las especias

Contemplar el sol nacer desde el cielo, sobrevolando las chimeneas de las hadas en la Capadocia, a bordo de un globo.

La Capadocia

La Capadocia

O el atardecer, mientras nos damos un baño en las piscinas calcáreas del Pamukkale…

Pamukkale

Pamukkale

Caminar despacio por Éfeso, trasladándonos por un rato a la Roma imperial, de cuadrigas y gladiadores…

Éfeso

Éfeso

Son experiencias que no se olvidan fácilmente y que a la vuelta dejan un sabor de boca tan dulce como el té de manzana turco.

Té y postres turcos: pudding de arroz y kunefe

Té y postres turcos: pudding de arroz y kunefe

Datos de interés para viajar a Turquía.

Documentación necesaria: al localizarse fuera del territorio de la UE, se requiere pasaporte en vigor y, desde abril de 2014, un visado electrónico que se muestra en la aduana nada más llegar. Se puede obtener fácilmente rellenando el formulario por Internet: visado entrada a Turquía. Hay que conservarlo durante todo el viaje.

Presupuesto: Turquía es ideal para viajeros de bajo coste. Se puede dormir por 7-8 euros la noche en hostels de mochileros con baño compartido y comer por 2-3 euros. El cambio nos es favorable: un euro son 2,9 liras turcas.

Cómo llegar: volé con Pegasus, la low cost turca. Un vuelo directo desde Madrid, comprado con cinco meses de antelación, costó 150 euros (Pegasus Airlines) . También vuela desde Barcelona. Además saqué dos vuelos internos, también con Pegasus: Estambul – Kayseri (la Capadocia), por 30 euros, e Izmir – Estambul, por 40€.

Seguridad: es un país bastante seguro y que permite fácilmente viajar por tu cuenta. Coger autobuses y trenes no suponen ningún problema. Los turcos, aunque muchos no hablen palabra de inglés, siempre estarán dispuestos a ayudarte en el camino.

Por último, es importante recordar que, aunque es una República Democrática laica, muchos de sus habitantes profesan la fe islámica. Para visitar las mezquitas, las mujeres tienen que cubrirse el cabello y los hombros. Además recomiendo no vestir con ropa muy corta si no se quieren tener algún incidente “desagradable” como excesivas miradas por la calle o en el transporte público.

Normas de vestimenta para visitar las mezquitas.

Normas de vestimenta para visitar las mezquitas.

Cuaderno de viaje

Este es el relato de un viaje por Turquía “a mi aire”: quince días, una mochila, dos chicas y muchos, muchos buenos momentos…

Día 1:  Madrid – Estambul.

Días 2 – 5: Estambul.

Días 6 – 8: Göreme (la Capadocia). 

Día 9: Pamukkale.

Días 10 – 13: Selçuk.

Día 14: Estambul.

Día 15: Estambul – Madrid.

 Mapa de ruta:

Estambul

Estambul es la puerta de Turquía. Anclada en el estrecho del Bósforo, con parte en Europa y parte en Asia, acariciada por los vientos del Mar Negro y el Mediterráneo, es una ciudad cargada de fantasía y leyendas del pasado.

Por mi parte, el primer impacto con Estambul no defraudó. Puede ser una megápolis un tanto caótica y excesivamente saturada de turistas, sobre todo en el centro (tiene 14 millones de habitantes aprox.) pero es, sencillamente, hermosa. La mezcla de nacionalidades, el trajín de transeúntes, el tintineo del tranvía al pasar, las llamadas a la oración de las mezquitas, el olor a especias y té de los mercados… Recrean una atmósfera cautivadora muy singular, propia de Estambul y ninguna otra ciudad.

Estambul

Estambul

Día 1: Llegada a Estambul.

Lo malo de algunas low cost es que no vuelan a los aeropuertos principales si no a los secundarios. Estambul tiene dos aeropuertos: Ataturk, el principal, donde se puede coger el metro al centro, y Sabina Gokcen, a una hora en autobús, si es que no hay atasco. Para no perder más tiempo del necesario reservamos un transfer desde el aeropuerto al hostal, por 10 euros, a través de Internet: Transfer Airport. También hay un autobús público a Taksim, pero estaba muy lejos del hostal.

El alojamiento lo reservamos en España: Starlet Hostel, muy básico pero económico y céntrico, en Çemberlitas.

Una vuelta por la zona, para situarnos, y nuestra primera cena turca: un kebab de berenjena y carne en un restaurante recomendado por los del hostel. Muy rico y barato, en Ortaklar (Çemberlitas). Os dejo una imagen de la apetitosa carta, para ir abriendo boca…

Carta del Ortaklar

Carta del Ortaklar

Nos gustó tanto y nos trataron tan bien que repetimos varias veces durante nuestra estancia. Nota: en cuanto a la comida, desmontando un mito: el “verdadero kebab” no va dentro del pan de pita…

kebab de berenjena y carne

kebab de berenjena y carne

Qué ver en Estambul: contagiándonos con la magia de la gran ciudad…

Mapa de Estambul:

Día 2: Sultan Amhet.

Escuchar entre sueños, de madrugada, la llamada a la oración de la mezquita me hizo tomar conciencia de que estaba en Turquía. La segunda cosa, ya levantada, el desayuno típico: tomate, pepino, aceitunas, un cuenquito de yogur y té. En los diferentes hostels probamos con más y menos cosas, pero ese es el básico.

desayuno típico

Nos ponemos en marcha explorando el centro de la ciudad y dirigiéndonos a las  atracciones turísticas más importantes, en el corazón de Sultan Amhet. Aquí aprendemos la primera lección: es mejor visitar los monumentos a medio día o por la tarde; por la mañana se abarrotan de turistas y las colas son interminables.

Bajando de Çemberlitas a  Sultán Amhet, por la calle principal, pasamos por multitud de comercios, animados locales de kebabs, … Hasta toparnos con la grandiosa Mezquita Azul, la principal mezquita de Estambul: impresiona su tamaño y hermosura.

La Mezquita Azul

La Mezquita Azul

Construida por el Sultán Ahmed I entre 1609 y 1616, para visitarla es necesario descalzarse y cubrirse. Merece la pena dejarse deslumbrar por sus más de doscientas vidrieras, gigantescas lámparas de araña y sus azules azulejos  que le dieron su nombre.

Interior Mezquita Azul

Interior Mezquita Azul

Enfrente localizamos Santa Sofía, Ayasofya, una iglesia convertida en mezquita (“la inversa de la Mezquita de Córdoba”) construida en los albores de la cristiandad. Cumbre del Arte Bizantino, personalmente le tengo un cariño especial por caerme en el examen de Historia del Arte en selectividad. Aún hoy sigue siendo inmensa: la cuarta de superficie cubierta más grande del mundo, después de San Pablo en Londres, San Pedro en Roma y el Duomo en Milán.

Santa Sofía

Santa Sofía

La que fuera la Catedral de Justiniano (allá por el 530) es ahora un museo.  Los mosaicos y frescos que adornan sus paredes y cúpulas, con representaciones de los apóstoles y el Pantocrátor, y los medallones con los nombres escritos en árabe de los personajes ilustres del Corán, son un regalo para la vista y la más fiel muestra de lo que hoy es Estambul: el punto de encuentro de Oriente con Occidente.

Santa Sofía

Santa Sofía

Finalizada la vista a los dos lugares más emblemáticos de Estambul, lo lógico hubiera sido continuar por los monumentos adyacentes: el Palacio Topkapi y la Basílica cisternierse. Pero el gentío y las colas eran absolutamente tremendas, así que decidimos internarnos por el Gran Bazar.

El Gran Bazar

El Gran Bazar

El Gran Bazar es otro imprescindible de Estambul, un laberinto de calles repletas de todo tipo de objetos: alfombras, lámparas, joyas, trajes para bailar la danza del vientre… En el que el turista puede dejarse atrapar por horas.

Maniquíes del Gran Bazar

Maniquíes del Gran Bazar

Pero lo más divertido, los grotescos maniquíes que salpican las tiendas de las calles de alrededor, con trajes de fantasía y desconchones en sus caras. Juzgar vosotros mismos…

Maniquíes Gran Bazar

Maniquíes Gran Bazar

Ideales para protagonizar algún remake de la saga “Muñeco Diabólico”, ¿o no?

Maniquíes

Maniquíes

Este segundo día almorzamos en un buffet barato y rico junto al hamman de Cemberlitas, que estaba repleto de turcos. Después de descansar un poco por la tarde nos encaminamos a la puerta del Palacio Topkapi, donde habíamos reservado esa misma mañana para hacer el crucero al atardecer por el Bósforo: otra forma de conocer la ciudad, desde las aguas, con encantadoras historias como la de “la torre de la doncella“.

Crucero por Bósforo

Crucero por Bósforo

Día 3: Sultan Amhet.

Por la mañana nos acercamos dando un paseo al puerto, Eminönú y la Mezquita Nueva. Están llamando a la oración y nos dejamos embelesar por la magia de lo que parece un canto con tintes flamencos (en realidad, son fragmentos del Corán recitados), cuyo eco resuena por toda la ciudad…

La Mezquita Nueva

La Mezquita Nueva

A pesar de su nombre, esta mezquita se inició en 1597 para inaugurarse casi cien años después. Su interior es muy hermoso, adornándose con azulejos azules, verdes y blancos de Iznik, columnas de mármol y estalactitas doradas decorando el mihrab.

Se ruega silencio, se reza…

Interior de la Mezquita Nueva

Interior de la Mezquita Nueva

Junto a la Mezquita Nueva encontramos la puerta de acceso al Mercado Egipcio, conocido popularmenete como el Mercado de las Especias. Aquí los puestos de dulces almendrados, coronados de dátiles y barnizados con miel, además de los cientos de coloridos condimentos de nombres imposibles y todo tipo de tés son capaces de marear a los viajeros de todos los lugares del mundo.

El mercado de las especias

El mercado de las especias

Al rico té…

Mercado de las Especias

Mercado de las Especias

¿Calor? Otra de las cosas que me encantó de Estambul: los puestos de frutas (deliciosa sandía) y zumos frescos de granada y naranja que hay en cada esquina. Muy refrescantes y un chute de vitaminas para continuar…

¿Un zumo de granada?

¿Un zumo de granada?

Después de comer aprovechamos la caída de turistas para volver a Sultan Amhet y descender al fresquito y la quietud de la Basílica Cisterna, junto a Santa Sofía. Fue construida en tiempos de Justiniano (año 527), para almacenar agua y abastecer al Palacio Bizantizo.

Basílica Cisterna

Basílica Cisterna

Su interior es un bosque de 336 columnas con 9 metros de ancho, donde la protagonista es el agua, sobre la que se camina por una pasarela de madera, y las dos cabezas de Medusa, antiheroína de la mitología clásica.

Cabeza de Medusa

Cabeza de Medusa

De vuelta a la superficie, bordeando Santa Sofía se encuentra el enorme Palacio Topkapi: de 700 mil metros cuadrados, su visita completa conlleva al menos tres o cuatro horas. Reflejo de la época de máximo esplendor de Constatinopla,  en él se puede visitar las estancias privadas del sultán, el harén o el tesoro, con algunas de las joyas más valiosas del mundo.

Entrada al Palacio Topkapi

Entrada al Palacio Topkapi

Paseando por el Palacio Topkapi: jardines, lujosos salones, brillantes azulejos…

Pared de azulejos del Palacio Topkapi

Pared de azulejos del Palacio Topkapi

Hoy las habitaciones están vacías, el harén desierto, los jardines silenciosos… Los únicos moradores del palacio son los cuervos, herederos del legado que el sultán perdió…

Palacio Topkapi

Palacio Topkapi

 

Día 4: Iglesia de Chora y Taksim.

Hoy es día de alejarse del centro y acercarse hasta una joya bizantina: la Iglesia de Chora (Kariye Müzesi). La parada más cercana de tranvía es Edirnekapi, y desde ahí hay que andar unos diez minutos hasta encontrarla en un barrio de coloridas casas de madera.

Iglesia de Chora

Iglesia de Chora

Aunque le agregaron un minarete y fue usada como mezquita, hoy es un museo en que están poniendo todo su empeño en restaurar los bellísimos frescos y mosaicos que cubren paredes y techos.

Mosaicos y frescos de la Iglesia de Cora

Mosaicos y frescos de la Iglesia de Chora

Pantocrator Iglesia de Chora

Pantocrator Iglesia de Chora

Este barrio, aparte de las murallas viejas, no tiene mucho más que ver, así que tomamos el tranvía de vuelta y el resto del día lo dedicamos a explorar el popular barrio de Beyoglu, al otro lado del Cuerno de Oro, dominado por la Torre Gálata. A él se accede por el puente que sale de Eminöu, lleno de bares, sobre el agua. Las mejores instantáneas de la ciudad se obtienen desde lo alto de la torre, preferiblemente al atardecer.

Beyoglu y Torre Gálata

Beyoglu y Torre Gálata

Por detrás de la Torre Gálata se accede a la “Gran Vía” de Estambul: Istiklal Caddesi, un moderno boulevar de tiendas y centros comerciales que desembocan el pla plaza de Taksim y que se hace difícil saber si uno se encuentra en Madrid, Londres o Nueva York, salvando las distancias. Lo más bonito, para mí, el tranvía viejo que la recorre, con sus suave tintineo.

Viejo tranvía de Estambul

Viejo tranvía de Estambul

Los alrededores de Taksim son ideales para salir y conocer la noche de Estambul: multitud de pubs y discotecas, muy animados. Descubrimos un local que nos gustó mucho, de rock and roll, terraza en el último piso y buen ambiente: el Sinerji Rock Bar.

Día 5: Islas de los Príncipes.

Toca alejarse de la bulliciosa Estambul y buscar un día de relax a las afueras, en una excursión recomendada por varios amigos: vamos a visitar las  Islas de los Príncipes, en el Mar de Mármara. Al final de la línea 1 de tranvía, en el embarcadero de Kabatas, salen los ferries a las Islas de los Príncipes. Por tan sólo dos euros es un agradable paseo de una hora, acompañados de la brisa marina y los chillidos de las gaviotas.

gaviotas

La primera parada es la isla de Kinaliada, repleta de bañitas y con poco para ver, según nos habían contado. Nos bajamos en la segunda isla: Bürgazada. Se puede alquilar una bici por 3 liras la hora y recorrer la isla, de frondoso bosque mediterráneo y elegantes villas. El pueblo además tiene varios establecimientos de comida, supermercado, pizzería, heladería… Y dos iglesias griegas ortodoxas, encantadoras y pequeñitas.

Bürgazada

Bürgazada

En cuanto a las playas, la verdad que me decepcionaron un poco ya que no son muy buenas: de piedras y un poco sucias… Después leí que las siguientes islas, más alejadas, tienen playas un poco mejores.

Playa de Bürgazada

Playa de Bürgazada

Tras un paseo por la isla, este día probamos la pizza turca: rica y barata. Comimos muchas más, pero esta, crujiente y recién salida del horno, me supo especialmente bien.

Pizza turca

Pizza turca

Día 6: Estambul – Göreme (Capadocia).

¡Nos vamos a la Capadocia! Habíamos comprado un vuelo Estambul – Kayseri por la tarde. Reservamos el transfer en el propio hostel hasta el aeropuerto. Pero, antes de marchar, nos da tiempo a dar un vuelta y visitar por la mañana Pequeña Sofía, una preciosidad muy poco concurrida, con un agradable cementerio y jardín.

Pequeña Sofía

Pequeña Sofía

Como llegábamos tarde reservamos un hostel por booking, aprovechando el wifi del hostel, el de precio más barato: el Ivstar Cave Pension. Buena elección: habitación tipo cueva y camas cómodas, además de una terraza con buenas vistas sobre el pueblo. Les escribimos para pedir que nos recogieran en aeropuerto y nos llevaran a Göreme, ya que la distancia es de 80 km, en total una hora de camino, por 10 euros. Habíamos leído que por la tarde de Kayseri a Göreme no hay autobús público y un taxi es carísimo.

Hostel en Göreme

Hostel en Göreme

En el propio hostel nos recomendaron un sitio para cenar, familiar y económico: el Capadocia Cuisine, donde nos tomamos una reconfortante sopa de lentejas y una copa de vino del lugar para celebrar que habíamos llegado a Göreme. Anotación: aunque es verano, estamos entre montañas así que por la noche no sobra una chaqueta.

 La Capadocia

Día 7: Göreme.

La Capadocia es la región que más me ha enamorado de Turquía. Los pueblos de casas – cuevas, sus valles y montañas, donde la tierra y la roca se ha moldeado caprichosamente recreando formas imposibles, como las maravillosas “chimeneas de las hadas”. Un paisaje salpicado de volcanes, de árboles frutales y viñas… Estuvimos dos días que podían haber sido dos semanas, para visitar todos sus singulares rincones.

La Capadocia

La Capadocia

Göreme, nuestro campamento base, quizá sea el más turístico, pero no por ello le resta encanto.

Göreme

Göreme

Con las luces del día paseamos por el pueblo, y  nos dirigimos a visitar el Museo al Aire Libre de Göreme: a unos veinte minutos caminando, se encuentra este complejo monástico de iglesias y viviendas de los monjes, excavadas en la roca:

Museo al aire libre de Göreme

Museo al aire libre de Göreme

Museo al aire libre de Göreme

Museo al aire libre de Göreme

Nota: ¡no acercarse a los camellos del parking! Por echar una foto te exigen que pagues 10 euros y si pueden, intentarán que subas arriba y cobrarte 20 euros más… He de admitir que caímos tontamente en la trampa…

Después de visitar el museo, el calor es intenso y, agotadas, volvemos al pueblo y descansamos un poco. Por la tarde toca otra caminata, de las más hermosas de la Capadocia: ir a ver el atardecer en el Rose Valley. Hay tour que te llevan, andando o en quad, pero en el hostel nos dieron un mapa y nos explicaron como ir, así que decidimos ir por nuestra cuenta: no hay peligro de perderse ya que está bien indicado, cogiendo el camino que sale junto al camping de Göreme.

 Ya ha descendido el sol y el calor por lo que el sendero que conduce al Rose Valley es realmente pintoresco y encantador, entre las extravagantes rocas que la lava y la erosión ha ido creando: me sentía en los palacios de piedra del Señor de los Anillos.

La Capadocia

La Capadocia

Tardamos algo más de una hora en llegar a una pequeña cima desde la que se divisa justo enfrente el Valle Rosa: se conoce así por el color de sus piedras, que al atardecer su tono cobra todo su esplendor. Fue una buena recompensa, ver el sol poniente desaparecer en tan espléndido entorno…

Atardecer en el Valle Rosa

Atardecer en el Valle Rosa

A la vuelta a Göreme nos dimos un capricho especial, para terminar un día perfecto: baño relajante y masaje de espuma en el Hamman. Precio: 70 liras. Mucho más económico que en Estambul, en Cemberlitas, en el que además tenían la piscina cerrada. El hamman de Göreme se encuentra próximo a la estación de autobuses, muy recomendable.

Día 8: De tour en tour.

Hoy es un día muy especial, ya que toca la experiencia más emocionante del viaje, todo un clásico: sobrevolar la Capadocia y ver el amanecer desde un globo. Preguntamos en varios sitios precio y acabamos reservándolo el día de antes en el propio hostal, donde era más barato: 100 euros. Os prometo que merece la pena.

A las 04.45 nos recogieron, desayuno y ¡vamos al globo!

¡Vamos al globo!

¡Vamos al globo!

Volar por el cielo mientras sale el sol… ¡Realmente maravilloso!

Amanecer Cappadocia

Volaré, ohh, cantaré… 

Vuelo en globo en la Capadocia

Vuelo en globo en la Capadocia

Con la adrenalina a tope, a continuación regresamos al hostel, desayunamos, y a las 09:30 nos recogen para, ahora sí, hacer el “Green Tour“: la ciudad subterránea de Derinkuyu, el valle de Ihlara y el Monasterio Selime. Precio: 120 liras, incluyendo almuerzo junto al río y guía en inglés. Realmente queríamos ir solo a la ciudad subterránea, pero era muy complicado porque había que combinar varios autobuses… Por lo que finalmente decidimos apuntarnos al bus y el día estuvo muy bien aprovechado. ¡El Valle de Ihlara me encantó!

De las treinta y siete ciudades subterráneas abandonadas que hay repartidas por la Capadocia, la de Derinkuyu es la más popular. Significa “pozo profundo” y su primer nivle se cree que fue construido por los hititas alrededor del 1.400 a.C. El recorrido por sus laberínticos pasillos y recovecos, da una idea un poco tétrica de lo que pudo ser la vida aquí cientos de años atrás…

La ciudad subterránea

La ciudad subterránea

La siguiente parada nos lleva hasta el Valle de Ihlara: una pequeña ruta haciendo senderismo por el cañón del río Ihlara, en cuyo interior crece un bosque floreado y húmedo.

Valle de Ihlara

Valle de Ihlara

El Valle de Ihlara: un refrescante paseo entre pinos, agua y antiguas iglesias excavadas en la roca.

senderismo por Ihlara

Antes de regresar a Göreme, la última visita del tour nos lleva al Monasterio Selime, otro de los magníficos conjuntos de casas e iglesias en piedra característicos de la región.

 Volvemos al hostel a recoger las mochilas y fueron tan amables de dejarnos una habitación privada durante media hora para darnos una duca (otro punto para el Ivstar Cave Pension). Con ropa limpia y cómoda cogemos el autobús nocturno de las 21.00 horas en dirección al Pamukkale, otro punto emblemático de Turquía. La compañía que hace el viaje es Metro, y nos costó 55 liras.

El Pamukkale

Día 9: Pamukkale y Hierápolis.

Llegamos a la montaña blanca al amanacer: una visión maravillosa…

ElPamukkale

El Pamukkale

A las 07.30 de la mañana estábamos ya en Pamukkale. Al contrario de lo que pensaba, el autobús era bastante cómodo y dormí más o menos bien. Nos ahorramos una noche de hostal y ganamos un día con el viaje, así que fue buena elección. El alojamiento: nos quedamos en el Ozbay Hotel, 9 euros la noche, con una situación inmejorable y un gran desayuno en la terraza con vistas al Pamukkale.

Pamukkale

Pamukkale

Pamukkale significa “Castillo de Algodón” en turco. Esto es debido a las gruesas capas blancas de piedra caliza y travertino, que se depositan en forma de estalactitas y forman terrazas dibujando una media luna, albergando terrazas de poca profundidad y agua azul cristalina en la que es una delicia darse un baño. Aunque ya no se conserva como antaño, debido al turismo incontrolado durante años, el Pamukkale sigue siendo una maravilla natural de Turquía, que hay que visitar sí o sí.

Pamukkale

Pamukkale

Un pequeño “truco”: es mejor acceder por abajo. Hay mucha menos gente en las piscinas inferiores ya que arriba llegan los tours. una vez dentro, hay que descalzarse y ascender la blanca montaña…

Sobre el Pamukkale se asienta Hierápolis, ciudad greco – romana. No se conserva gran cosa, excepto el teatro romano y un museo arqueológico con los restos provenientes de las excavaciones.

Teatro romano de Hierápolis

Teatro romano de Hierápolis

Dentro del complejo Hierápolis lo mejor fue la Piscina Antigua: un auténtico baño en la Historia, rodeada de columnas y restos romanos, a 36 grados en aguas termales. ¡Muy relajante!

Piscina Antigua

Piscina Antigua

Quizá lo peor del Pamukkale es que resulta un tanto “parque temático” y está montado de tal forma para sacar el dinero a los guiris… Cosas criticables: que para acceder a la Piscina Antigua te daban una ficha que sólo podía usarse una vez. Tuve que “discutir” con el de seguridad para que me dejara darme otro baño, puesto que no estaba dispuesta a pagar otra vez… La comida que servían allí, cara y de baja calidad.

Al atardecer es un momento perfecto para descender por el Pamukkale y disfrutar de un plácido baño.

Un baño en el Pamukkale

Un baño en el Pamukkale

La horda de turistas ya se ha marchado, con lo cual es el momento ideal de relajarse y captar unas instantáneas de uno de los atardeceres más bellos y especiales en un entorno único…

El Pamukkale al atardecer

El Pamukkale al atardecer

Una excursión alternativa es ir a la ciudad griega de Afrosidias, relativamente cercana. En el propio hotel ofrecían el traslado. Preferimos ir directamente a Éfeso, más espectacular y mejor conservada.

La Costa del Egeo

Día 10: Selçuk.

A las 08.00 cogimos el autobús de Pamukkale a Selçuk (con trasbordo en Denizli), un trayecto de cuatro horas que nos llevaría a la costa del Egeo, nuestro último destino del viaje, por 35 liras.

Selçuk es un pueblo ideal para el veraneo. Lo elegimos para relajarnos y descansar en la playa después de la pequeña paliza… ¡Y nos encantó! Rodeado de colinas y bosque mediterráneo, es un pueblo pequeño y entrañable, de los que dan ganas de quedarse todo el verano paseando en bici o leyendo un libro a la sombra del acueducto y sus enormes nidos de cigüeñas.

Selçuk

Esta vez buscamos un hostel recomendado por la Lonely Planet: Tuncay Pension. Lo mejor: lo extraordinariamente amables que es el personal, su situación, muy cerca del castillo, el centro y la estación de tren, el frondoso patio donde sirven un generoso desayuno y el precio: 7 euros la noche. Lo peor: la habitación de 11 camas y escasas cortinas, con lo que se hacía difícil dormir más allá de las 7 de la mañana, y sólo dos baños para compartir.

Esa tarde dimos un paseo por el pueblo, observando los abundantes restos de ruinas romanas, como el Templo de Atemisa.

Templo de Artemisa

Templo de Artemisa

Día 11: alrededores de Selçuk: Casa de la Virgen y Sirince.

Mientras desayunábamos dudábamos si ir a Éfeso o a la Casa de la Vírgen María. Para el primero hay autobús público pero no para la segunda: hay que coger taxi y es caro. Los del hostel nos preguntaron por los planes y nos animaron a ir con tres huéspedes de Ankara que habían venido en coche. ¡Fue toda una suerte y además hicimos amigos!

La Casa de la Virgen María, donde dicen que se retiró y murió, es hoy una pequeña capilla situada en un bello entorno, una montaña cubierta de bosque. Los fieles la visitan y escriben sus deseos en papeles que atan a su muro.

Casa de la Vírgen

Casa de la Vírgen

Después nos dirigimos a Sirince, un pueblo griego encantador, con vino de elaboración propia y calles blancas y encaladas, al más puro estilo mediterráneo.

Sirince

Sirince

Sus tejados rojos y el bosque que lo rodea consiguen una bella estampa.

Tejados rojos de Sirince

Tejados rojos de Sirince

De paseo por Sirince…

Sirince

Sirince

Se puede visitar los restos de la Iglesia de St. John.

Iglesia de St. Jonh

Iglesia de St. Jonh

Tras el encantador pueblo de Sirince, volvemos a Selçuk y nos decidimos por una tarde de playa en Pamukak, muy cerquita. Pero antes comimos con nuestros nuevos amigos turcos en un local que nos fascinó: enfrente de las ruinas de la Iglesia de San Juan, en Selçuk, con un jardín enorme y cabañas abiertas de madera donde sentarse en el suelo con cojines. Pero aún nos gustó más la comida: un rico pancake de espinacas y queso y otro de berenjena, agua y dos ayran, por 14 liras (dos personas), ¡irrisorio!

Restaurante en Selçuk

Restaurante en Selçuk

Pamukak es una playa poco concurrida, contrariamente a las de Kusadasi, de arena y agua caliente y limpia, a excepción de alguna alga. ¡Por fin una tarde de relax en la playa!

Playa de Pamukak

Playa de Pamukak

Para terminar un día estupendo, una cenita en Alaturka, restaurante recomendado por tripadvisor, junto al Museo de Éfeso: un plato de deliciosos mezzes. A estas alturas soy una auténtica fan del ayran, la bebida turca: yogur, agua y sal. También probamos el durum vegetal y estaba impresionantemente bueno.

Mezzes típicos

Mezzes típicos

Día 12: Selçuk y Éfeso.

Por la mañana por fin visitamos las ruinas que coronan Selçuk: el castillo y la Iglesia de San Juan. Un agradable paseo entre columnas romanas con vistas sobre el pueblo.

Castillo de Selçuk

Castillo de Selçuk

Éfeso, si las piedras hablasen…

Esperamos a que bajara un poco el calor y que se marcharan la procesión de turistas que invaden la ciudad y a las 17.30 de la tarde cogemos el autobús con destino a Éfeso o Ephesus, la ciudad romana mejor conservada del Mediterráneo oriental.

Éfeso, de origen heleno, es la época romana en la que alcanza su máximo esplendor, dejando una basta extensión de ruinas actualmente en reconstrucción, cuya visita es, sencillamente, maravillosa.  Otro de los momentos culmen del viaje…

El colosal anfiteatro, con capacidad para veinticinco mil espectadores. Construido en tiempos griegos y finalizado por Trajano, uno de los grandes emperadores del S.I.

Teatro de Éfeso

Teatro de Éfeso

La vía Sacra…

Éfeso

Éfeso

Las Villas romanas, con sus increíbles mosaicos, de pájaros, plantas y hasta un corazón…

Villas romanas

Villas romanas

mosaicos de Éfesos

mosaicos de Éfesos

Y, la joya de la corona: la biblioteca de Celso, cuya fachada sigue en pie. Construida en honor a Tiberio Julio Celso Polemeano (año 135), está orientada hacia el Este, para aprovechar mejor las horas de luz…

La biblioteca de Celso

La biblioteca de Celso

Éfeso, la que fuera la gran ciudad de Asia Menor, ahora la pueblan sus simpáticos gatos, que asoman con timidez entre las ruinas…

Éfeso

Éfeso

Quizás por la noche algún extraño sortilegio haga cobrar vida a las piedras y la ciudad se reconstruya, y paseen de nuevo romanos y romanas de blancas túnicas y cabellos trenzados, como en un sueño, para desvanecerse con las luces del amanecer… Eso me imaginé yo sentada en  sus ruinas, que antaño fueran columnas…

Pensando en Éfeso

Hubiera sido ideal terminar con una vista al Museo de Éfeso, en el mismo centro de Selçuk, para descubrir todos sus tesoros, pero estaba cerrado por reformas. Una excusa perfecta para volver…

Estatua de Artemisa. Museo de Éfeso. Fuente: http://viajerosblog.com/efeso-el-museo-arqueologico-de-selcuk.html

Estatua de Artemisa. Museo de Éfeso. Fuente: http://viajerosblog.com/efeso-el-museo-arqueologico-de-selcuk.html

Día 13: día de playa en el Millipark.

Es sábado y nuestro último día en Selçuk. Queríamos playa y nos hablaron de un parque natural llamado Millipark. Un poco lejos y con trasbordo pero, ¡mereció la pena! Compramos comida y agua y cogimos el bus a Kusadasi, donde cambiamos al del Millipark. Esto es lo que encontramos: unas playitas de piedra en un entorno salvaje, entre bosque de pinos y agua azul transparente. Se divisa la isla de Samos (Grecia) enfrente.

Millipark

Millipark

Para despedirnos de Selçuk cenamos en nuestro lugar preferido, en la terraza junto a la Iglesia de San Juan. Y nos encontramos con “mi gran boda turca”: fuimos testigos de una boda in situ. Toda una experiencia observar trajes, música y bailes…

De vuelta…

Día 14: Estambul.

Nos levantamos a las 06.45 de la mañana para coger el tren de las 07.20 de Selçuk a Izmir, con parada en el aeropuerto. Tras un corto vuelo Izmir – Estambul estábamos de vuelta a la ciudad más cosmopolita de Turquía.

Último día para despedirnos de Estambul…

Té en Sultan Amhet

Té en Sultan Amhet

Día 15: regreso Estambul – Madrid.

Adiós Estambul…

atardecer en Estambul

“Sé que mi corazón alguna tarde, recordará estas aguas quietísimas del Mar de Mármara y éste liviano encantamiento azul del cielo que las sueña…”
 
(José Lupiánez. “El sueño de Estambul”)
 

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Asturias, las Highlands españolas

Os propongo una ruta por el Norte de España, recorriendo el Cantábrico por la costa asturiana, uno de los lugares más bellos de la península, y al que siempre, siempre, estoy deseando volver…

¿Nos escapamos?

Mapa de Asturias:

Introducción

A Asturias la llamo yo las “Highlands” de España: un paisaje siempre verde y húmedo, de acantilados musgosos donde el Cantábrico se estrella gris y furioso. Esos pueblos marineros que despiertan entre la bruma, con el lejano eco que trae la brisa de algún canto de sirena… Eso es Asturias. Y mucho, mucho más.

Costa Cantábrica, Asturias

Costa Cantábrica, Asturias

Asturias la bella, con sus lagos glaciares y nieves perpetuas manchando de blanco los escarpados Picos de Europa. Porque Asturias es montaña y mar; ríos y cascadas; las “vaques” en el “prao”. Y verde, verde y verde, hasta el infinito, donde se pierde la pista, siempre verde… 

Les vaques

Les vaques

Asturias es un “viaje en el tiempo” a la Alta Edad Media, oscura y tenebrosa, de la que tan poco sabemos. Os invito a cerrar los ojos bajo la basílica de Covadonga y transportarnos  a la Asturias de Don Pelayo, cuando casi toda la península estaba bajo dominio musulmán…

Don Pelayo

Don Pelayo

Asturias es una tierra única y por muchas razones me recuerda a Escocia, al otro lado del mar. No sólo sus vestigios celtas, sus acantilados imposibles sobre el plomizo mar del norte,  las montañas y prados de tupido césped.  Me prestan sus gentes simpáticas y entrañables, terriblemente acogedoras, con un dialecto casi extinguido, venerando su sidra, ¡deliciosa sidra!, (cuenta la leyenda que cuando pasa de Pajares pierde fuerza y ya no sabe tan rica), que se escancia y se comparte entre amigos fortaleciendo el sentimiento de hermandad.

Escanciando sidra en Luanco

Escanciando sidra en Luanco

 

Llegamos a Asturias…

Si vamos desde el sur, tanto en tren como en coche, al irse aproximando se percibe cómo se va transformando el paisaje. De los llanos castellanos y secos, las montañas y riscos comienzan a cortar el cielo, a la par que el verde tiñe y va cubriendo la tierra como una alfombra aterciopelada de hierba tierna y fresca.

Al atravesar Pajares no puedo si no decir que me embarga absolutamente la emoción: contigo sueño, tierra asturiana…

Oviedo

Primera parada: su capital, Uviéu, en el centro de un valle (del latín, Urbs Vetus, “Ciudad vieja”).  La que fuera la capital del antiguo Reino de Asturias hoy es una villa grata y apacible, de calles y edificios señoriales por donde dar un ameno paseo.

Oviedo

Oviedo

El atractivo de Oviedo se va descubriendo paseando por las callejuelas que discurren bordeando la catedral, sus floreadas plazas o amplios parques, donde podemos pararnos a saludar  a personajes emblemáticos, de ficción o realidad, como Woddy Allen o La Regenta.

Catedral de Oviedo, con "La Regenta"

Catedral de Oviedo, con “La Regenta”

La Catedral gótica de San Salvador es una joya arquitectónica con nada menos que trece siglos de antigüedad, de las más bonitas e importantes de España: su Cámara Santa, del S. IX, es Patrimonio de la Humanidad. En ésta se guarda, entre otras reliquias, la Cruz de los Ángeles y la Cruz de la Victoria, símbolo de Asturias y Oviedo, donada por Alfonso III en el año 908.

Cruz de la Victoria. Fuente: es.wikipedia.org

Cruz de la Victoria. Fuente: es.wikipedia.org

En la ladera del Monte Naranco, a las afueras de Oviedo, localizamos Santa Maria del Naranco, la iglesia prerrománica por antonomasia, aunque en sus orígenes fuera concebida por Ramiro I como un palacio.  (Historia de Santa María). Un poco más arriba, se encuentra también San Miguel de Lillo, la capilla palatina. Para concertar visitas guiadas o consultar los horarios de visita: página oficial de Santa María del Naranco.

Santa María del Naranco

Santa María del Naranco

Gijón

Es hora de seguir hacia el Cantábrico, vislumbrando al fondo el azul y buscando ese olor a salitre: arribamos a Gijón o Xixón, una moderna ciudad a orillas del mar.  Lo mejor de Gijón es caminar por su paseo marítimo bordeando la bahía y ascender al monte de Santa Catalina. Un lugar privilegiado para contemplar la ciudad, y sobre todo, sentir el mar y dejar la vista perderse en su infinito, escuchando su eco bajo el “Elogio del Horizonte”, una caracola de mar gigante, de Chillida.

Elogio del horizonte. Fuente: http://www.asturiasinformacion.com

Elogio del horizonte. Fuente: http://www.asturiasinformacion.com

Otros lugares de interés para visitar en Gijón son: su parte más antigua, el barrio de Cimadevilla, donde se localizan monumentos como el palacio de Revillagigedo o la casa de Jovellanos. La famosa laboral, su teatro o su acuario. Y, por supuesto, sus dos playas urbanas: San Lorenzo y Playa de Poniente, concurridas pero muy bonitas y limpias.

 

Después de visitar las dos principales ciudades dela región, toca acercarse al encanto de los pueblecitos y descubrir la Asturias más auténtica.

Pueblos cercanos a Gijón son Candás, el bonito Cudillero y la villa marinera de Luanco, antiguo puerto ballenero. ¡Vámonos de ruta!

Cudillero

Rodeado de un frondoso bosque atlántico, Cudillero es un precioso pueblo de casas de colores ubicadas unas sobre otras en cuestas imposibles. Más parece que quisieran precipitarse sobre el mar. Abajo, en su plaza, se aglomeran sus animados bares y terrazas sirviendo la mejor sidra y pescado recién sacado del mar. Para buscar aparcamiento: pasar todo el pueblo y dejarlo en el puerto, ¡mucho más práctico!

Cudillero

Cudillero

Luanco

Otro pueblo que me encanta es Luanco, villa marinera, con su iglesia de piedra gris sobre el mar. Luanco es un pueblo auténtico, sorprenente: de canciones tradicionales se llenan las sidrerías por la noche, que tanto jóvenes como viejos entonan, con letras melancólicas de los que se perdieron en la mar… Ese mar hostil y amado a la vez. Del que Luanco parece que “se protege” o vive de espaldas a él.

Iglesia de Luanco

Iglesia de Luanco

El mirador de Luanco es un buen lugar para acabar la tarde o noche. Al final del paseo (en dirección contraria a la iglesia) se sube hasta un montículo: de día se divisa el mar y el pueblo. De noche, es un sitio perfecto para contemplar la luz de las estrellas.

Mirador de Luanco

Mirador de Luanco

 

Cabo de Peñas

Muy cerca de Luanco se encuentra el Cabo de Peñas, uno de los puntos más al norte de España. Paisaje de extrema belleza, natural y salvaje, presume de tener una fauna y flora única: no sólo aves marinas, también es un buen lugar para avistar cetáceos.

Cabo Peñas

Cabo Peñas

Cabo de Peñas

Cabo de Peñas

Su faro se puede visitar, siendo la planta baja un centro de interpretación marina del Cabo de Peñas.

Faro de Cabo de Peñas

Faro de Cabo de Peñas

A la izquierda del Cabo, en dirección a Cudillero, se encuentra una de las playas más bonitas de Asturias: la playa de Verdicio, inmersa en plena naturaleza.

Playa de Verdicio

Playa de Verdicio

 

Dejamos atrás Gijón y alrededores y continuamos la ruta, bordeando el mar en dirección Cantabria. De obligada parada es Lastres, uno de los pueblos más hermosos de Asturias.

Inciso: antes de llegar, bien merece  un alto en el camino el pequeño pueblo de Tazones, en cuyo puerto desembarcó el emperador Carlos V cuando por primera vez pisara España, proveniente de su hogar en Flandes. Así lo recuerda una placa conmemorativa en el muelle. A mediados de agosto se celebran las fiestas, con una recreación de este evento histórico. No olvidéis tomar una bonita instantánea de la curiosa “casa de las conchas”.

Casa de las conchas. Tazones. Fuente: http://www.asturiasenimagenes.com/

Casa de las conchas. Tazones. Fuente: http://www.asturiasenimagenes.com/

 

Lastres

Muy cerca de Villaviciosa, localidad famosa por la sidra “el gaitero”, se encuentra Lastres (Llastres). Junto con Cudillero, me atrevería a decir que es uno de los pueblos con más embrujo de Asturias. Localidad portuaria, su pintoresco casco histórico de antiguas casas de varias alturas y balconadas de madera acristaladas, está declarado como Bien de Interés Cultural desde 1992.

Lastres

Lastres

 

Los Picos de Europa

Y ahora, ¿Qué tal si combinamos mar con un poco de montaña?

Lastres es un punto ideal para ascender a los Picos de Europa desde una “ruta alternativa”, de carretera un tanto sinuosa pero con miradores espectaculares si el día está despejado. Por la AS206, parando en el Mirador del Fitu, podrás contemplar toda la costa al frente y los picos nevados a tu espalda.

Mirador del Fitu

Mirador del Fitu

 

Cangas de Onís

Cangas de Onís es una de las principales puertas de acceso a los Picos, situada en sus faldas. Su puente romano sobre el río Sella es una de las imágenes más representativas y reconocidas de Asturias a nivel mundial.

Cangas de Onís

Cangas de Onís

Covadonga

A tan sólo 12 km. de Cangas, en el valle de Covadonga, se encuentra el popular Santuario de Covadonga, lugar de culto y peregrinación. Esencial explorar la basílica neorromántica, iglesia de rosada piedra caliza, y la cueva de “la santina”.

Basílica de Covadonga

Basílica de Covadonga

Los lagos de Covadonga

Si el día se muestra abierto, desde Covadonga comienza una de las carreteras más bellas de España: la subida a los lagos. ¡Cuidado con las vacas por la carretera! En verano (meses de julio y agosto) debido a su estrechez y la gran afluencia de turistas la cierran: no queda otro remedio que subir en autobús desde Covadonga.

Lago Enol

Lago Enol

¡El paraíso existe y se llama Asturias!

Lago Ercina

Lago Ercina

La subida a los lagos es un básico, pero los Picos de Europa son para disfrutarlos en plan senderismo y naturaleza todo el tiempo que uno pueda o quiera… Por citar algunas rutas famosas: la ruta del Cares, con unas vistas vertiginosas a las gargantas prohibidas de las montañas. La subida a la vega del Picu Urriellu (porque, como me dijo un amigo asturiano, “El Naranjo de Bulnes” es un “invento madrileño”). O el descenso del Sella, con piragua o canoa, una de las mejores fiestas asturianas.

Ruta del Cares:

Ruta del Cares

Ruta del Cares

Descenso del Sella:

 

Y de la montaña retornamos a la cosa: Ribadesella y Llanes, la última parada, ¡dos pueblos para quitar el hipo de bonitos que son!

Ribadesella

Ribadesella: donde el verde oscuro y el turquesa mar se juntan y confunden. Instalada en la misma desembocadura del río Sella y con los Picos de Europa abrazándola, sus calles de piedra y sus casas de ventanas de madera, decoradas con hortensias azules, dibujan una villa realmente hermosa.

Ribadesella. Fuente: http://www.ruraliberica.com/

Ribadesella. Fuente: http://www.ruraliberica.com/

Llanes

Si Ribadesella me enamoró a primera vista, lo de Llanes lo catalogo de idilio permanente: su paseo de San Pedro, de hierba y piedra, con mar y mar a cada lado, sus vistas a la montaña y sus cubos del recuerdo…

¡Nunca máis!

Llanes, los cubos del recuerdo

Llanes, los cubos del recuerdo

De Llanes quiero destacar las casas de los indianos: aquéllos que se fueron a hacer las Américas hace ya más de un siglo, y cuando volvieron con su fortuna se edificaron grandes y románticas mansiones. Hoy algunas perecen comidas por la yedra y el musgo, otras relucen señoriales… Un encanto arquitectónico de otra época. Las hay por toda Asturias, pero las de Llanes me parecieron realmente bonitas.

Las playas de Llanes son también de ensueño. Mis preferidas, la de Toró o la playa de Gulpiyuri: una maravillosa playa interior, donde el agua marina entra filtrándose por debajo de las rocas.

 

¿Te ha gustado? Pues Asturias es mucho, mucho más. Quedan por descubrir lugares increíbles de los que me han hablado como Cabrales o Ponga, en el interior, la auténtica cuenca minera o el Occidente, pegando a Galicia, ése hermoso gran desconocido…

Para terminar la ruta, os dejo unas ideas sobre lugares para alojarse y, como no, a hablar de gastronomía asturiana, uno de sus grandes atractivos:

Alojamiento en Asturias.

En primer lugar advertir que si se va en temporada alta (en verano, especialmente agosto) es complicado conseguir alojamiento, al menos bueno y barato. Hay que reservar con mucha antelación. El resto del año sin embargo nunca he tenido problemas.

Oviedo

Hostal Oviedo: céntrico y asequible.

Hostal San Juan: junto al teatro Campoamor, básico y económico.

Gijón

He estado en un par de ocasiones en el Camping de Deva, cuidado y a buen precio. Tiene bungalows (4 – 6 personas), cabañas y zona de acampada. Lo peor: está a las afueras. Lo mejor: junto a él hay un llagar de sidra para comprar al peso y recién hecha, y un restaurante muy económico y con comida asturiana casera realmente buena.

Luanco

En Luanco he tenido la suerte de alojarme en casa de un buen amigo. Cerca, en el mismo concejo de Gozón, me han hablado muy bien de una casa rural: Quintana de la Ería.

Cudillero

Me alojé en una ocasión en el Hotel rural El pescador, en la parte alta del pueblo. Muy tranquilo, limpio y habitaciones enormes.

Lastres

Su fama le precede y desde que se emitió en televisión la serie “Doctor Mateo” se hizo muy popular, por lo que resulta caro. Cerca y más económico: el pueblo de Colunga, muy tranquilo, con una sidrería rica y barata y una playa preciosa. Un hostal rural, económico y junto a un prado de simpáticas vaquitas, el: Hotel Villa de Colunga.

Llanes

Camping Las Conchas, para los bolsillos más apretados.

Hotel La Paz, precio medio, básico y céntrico.

Un capricho: La Posada de Babel, hotelito rural en plena naturaleza.

La gastronomía asturiana.

La comida astur es de gran calidad y un absoluto manjar. Desde sus numerosos y ricos quesos: el cabrales, la peral, los oscos o Afuega´l Pitu. A la gran variedad de pescado fresco y marisco, como el pitxin (rape), las almejas a la marinera, los oricios (erizos), las nécoras, el rico salmón atlántico o las parrochas.

Mi entrante preferido: el pastel de cabracho, ¡nunca puede faltar!

Pastel de cabracho

Pastel de cabracho

Y de aperitivos ligeros y suaves a los platos reconfortantes y contundentes: fabada asturiana, pote asturiano, fabes con almejas o con erizos. ¡Y el cachopo! Un filete de ternera gigantesco empanado con queso cabrales y jamón. El bollo preñado también es un típico: un pan horneado relleno de chorizo.

Fabada asturiana

Fabada asturiana

Saboreando Asturias: mis lugares recomendados.

Oviedo

Zona típica para tapear: el Boulevar de la Sidra, por la calle Gascona y alrededores.

Otra zona de vinos y pinchos se localiza junto al teatro Campoamor y la estación de tren.

Gijón

Una de las zonas de tapas más de moda se encuentra en las callejuelas peatonales del Barrio del Carmen (entre la Plaza de Italia y la Plaza del Carmen). Repletas de bares donde tomar unas sidras y, ¡con tapa gratis!

Cudillero

Al ser muy pequeñito la mayoría de sus sidrerías y restaurantes de pescado se concentran en la plaza, en la zona del puerto. Junto al mar hay una terraza muy agradable donde disfrutar del aire marino y la sidra.

Luanco

Para empezar con unas sidras lo mejor son los bares del muelle, donde la gente se sienta en su pollete casi encima del agua. Para comer o cenar, junto al parque, la sidrería Las Delicias hace honor a su nombre: las almejas a la marinera más deliciosas que he probado nunca. ¡Recomendado por un amigo del pueblo!

Sidrería Las Delicias, Luanco

Sidrería Las Delicias, Luanco

Lastres

El mirador de Lastres es tanto bar para tomar unas sidras como restaurante para disfrutar de los platos astures a la par que de unas increíbles vistas sobre el mar y el pueblo… A precio bastante asequible.

Fritos de pitxin

Fritos de pitxin

 

Llanes

Mítica la sidrería Casa el Rubiu, la fabada de Casa Canene o las mejores vistas en el mirador de la Playa de Toró.

¿Os presta? ¿Nos tomamos otro culín?

¡Cuidado que sube de golpe! Ahí lo dejo, ya no me acuerdo de más…;)

(Secreto: para los que no somos de la tierra y se nos de mal lo de escanciar, siempre nos quedará “Isidrín escanciador” ;))

Isidrín escanciador

Isidrín escanciador

Asturies, volveremos pronto…

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El Algarve, paraíso atlántico

Te propongo una escapada a una tierra llena de luz, bañada por el cálido sol del sur y las azules aguas de un intenso e infinito océano Atlántico…

Algarve

Algarve

El Algarve es famoso por sus inmensas playas de arena dorada, sus pueblos blancos y urbes  turísticas, abarratodas en verano, como Albufeira o Faro. Mi ruta se aleja de estos enclaves para buscar un Algarve sosegado, rebosante de relax y calma, donde sentarse en una playa desierta a dejarse acariciar por los rayos del sol con un buen libro en la mano dejando correr las horas…

¿Te vienes?

Fuseta

Fuseta

Cómo llegar al Algarve…

Desde España, en avión desde Madrid a Faro, o bien por carretera, cruzando el puente que se extiende sobre la desembocadura de un ancho Guadiana que separa Huelva de Portugal. Ya estamos en tierras lusas: para circular por la autopista hay que sacar un pase en la caseta para turismos extranjeros. Si no, a circular por la carretera nacional, mucho más pintoresca, que discurre paralela al mar entre los pueblos.

Mapa del Algarve. Fuente: https://www.google.es/maps

Mapa del Algarve. Fuente: https://www.google.es/maps

Dejamos atrás las bonitas Tavira y Luz de Tavira, junto a la frontera. Nuestro destino: Fuseta o Fuzeta, una tranquila villa marinera a orillas de la Ría Formosa, un maravilloso Parque Natural, de playas vírgenes y aguas transparentes.

Ría Formosa

Ría Formosa

 

Fuseta:

Fuseta es un pueblo pequeñito, de pintorescas fachadas y alegres placitas donde los oriundos juegan a las cartas, o toman una cerveza Sagres bien fresquita con unos típicos caracois en caldo.

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A medio día los bares – terrazas de pescado a la brasa hecho al instante, rico y barato, los encontrarás junto al puerto: fuentes de atún, sardinas, gambas… Acompañados de patatas y ensalada. Incluso hay un bar de “peixe a voluntade”: por 10 euros, todo el pescado fresco del día que puedas comer.

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La playa de Fuseta es larga y solitaria, cambiante según la caprichosa marea que sube y baja dejando al descubierto morada de cangrejos y berberechos que se pueden coger con la mano (eso sí, para pescar hay que sacar permiso, en Olhao, 8 euros por persona y válido para un año).

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En el puerto se puede coger una barca con chófer que por módico precio nos acerque a una de las islas desiertas de la ría: playa y mar, sólo y en exclusiva para ti… Imprescindible llevar comida y agua en la nevera porque realmente son playas desiertas.

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Cerca de Fuseta, excursiones que merecen la pena:

Olaho, a unos 10 km, más grande y concurrido, con tiendas, un centro comercial… Desde su puerto se puede coger un barco y desplazarnos hasta las islas que siguen pincelando la Ría, alguna ellas de ellas habitadas, como Culatra, donde incluso se puede pernoctar.

Olhao

Olhao

Lo mejor de Olaho es ir al atardecer, para dar un paseo por el muelle y cenar en plan “homenaje”. Mi sugerencia, degustar una deliciosa cataplana: un “guiso” en un “ovni” de metal, de marisco, pescado o cerdo con almejas. La salsa, a base de verduras y cilantro, está para chuparse los dedos. Todo ello acompañado de un vino verde de la tierra bien fresquito, ese blanco y ligeramente achampanado tan característico de la zona.

Puerto de Olaho

Puerto de Olaho

Cataplana de marisco

Cataplana de marisco

Cacela Velha es otro bonito pueblo, diminuto, de casitas blancas y postigos azules decoradas con alegres buganvillas, al borde del acantilado, con unas bellísimas vistas sobre el océano:

 

De paseo por Cacela Velha…

Cazela

 

Cazela Velha

 

Dónde alojarse en el Algarve:

En booking.com reservamos un apartamento muy barato en Fuseta (Correia Holiday Apartment),  cuatro días – tres noches por 105 euros para 4 personas. Otro plan realmente económico es ir al camping, que está en la misma playa.

Cerramos un plan de puente de paz y relax  en este paraíso llamado Algarve…

Atardecer Fuzeta

 

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